ENERGÍAS RENOVABLES.

La oscuridad en la que se sumieron más de 50 millones de estadounidenses el pasado 14 de agosto o la práctica totalidad de Italia el 29 de septiembre, nos hizo retroceder hasta la edad de piedra y acelerar la búsqueda de alternativas que complementen el suministro de energía eléctrica.

Suele ser habitual la presencia del capital riesgo cada vez que se avecina un nuevo cambio tecnológico o se modifica la manera de hacer las cosas. En el caso del desarrollo de nuevas fuentes energéticas, la carrera ya ha comenzado.

Según la consultora energética establecida en Oakland, Clean Energy, el mercado mundial de energía limpia está previsto que crezca desde los 9.500 millones de dólares de 2002 hasta los 89.000 millones de dólares en 2012. En concreto, la energía eólica pasaría de los 5.500 millones de dólares hasta los 49.000 millones; la energía solar se situaría en una cifra de negocio próxima a los 27.500 millones de dólares frente a los 3.500 millones actuales; mientras que la energía procedente de pilas o baterías daría un salto desde los 500 hasta los 12.500 millones de dólares.

La inversión del capital riesgo en energía limpia en los EE.UU se ha ido reduciendo desde los 1.200 millones de euros de 2000 hasta los 488 millones de dólares en 2002. Sin embargo, durante los últimos doce meses se ha producido la entrada de importantes firmas como Benchmark Capital, Draper Fisher Juvetson o U.S. Venture Partners. Asimismo, están proliferando las asociaciones entre entidades con un importante músculo financiero y especialistas en la materia.

Las energías alternativas han superado la fase de investigación y desarrollo y ya se puede hablar en términos de viabilidad económica y comercial. Estados y países han formalizado su apuesta a largo plazo hacia este tipo de recursos energéticos, como California, que espera que el 20% de su electricidad proceda de energías renovables en 2017. Este mismo porcentaje de energía limpia se utilizará en la Unión Europea en 2010, mientras que en Japón o China se espera alcanzar entre un 2% y un 3% en 2010 y 2015, respectivamente. El caso más espectacular lo presenta Islandia, que ha manifestado que para 2030 prácticamente toda su energía procederá del hidrógeno.

Lo que parece alejar los temores de que pueda estar formándose otra nueva burbuja especulativa es el hecho de que los gigantes del suministro eléctrico, como General Electric, estén reforzando su apuesta por este tipo de energías.