DAVID RUBENSTEIN CREE QUE LA CRISIS HIPOTECARIA NO HARÁ PELIGRAR LA ECONOMÍA MUNDIAL.

A continuación se reproduce una entrevista publicada por diario económico El Economista, en la que David Rubenstein, co-fundador y director general de The Carlyle Group, manifiesta su opinión sobre la crisis hipotecaria de EEUU, cómo puede afectar a la economía mundial y a la industria de capital riesgo.

P Actualmente la crisis hipotecaria de EEUU sacude a los mercados mundiales. Los intereses aumentan y la financiación se encarece. Algunos expertos profetizan el fin del capital riesgo. ¿Qué opina?

R Nos encontramos en un punto de inflexión. Es como en el juego: cuando la música deja de sonar, algunos se quedan de pie sin silla.

P ¿Qué quiere decir eso? ¿Se producirán bancarrotas?

R Algunos ofertantes tendrán problemas para llevar a cabo sus negocios. Sobre todo, las pequeñas empresas de capital riesgo tendrán dificultades. No todo el mundo tiene la credibilidad frente a los bancos que tenemos nosotros: nuestra marca global nos ayuda en momentos de crisis. El cambio es una cosa sana, en general.

El mercado crediticio estaba muy relajado, la tentación de pagar demasiado por las adquisiciones era muy grande. Esto está cambiando ahora, el mercado se ha hecho de nuevo racional y no hay ningún motivo para preocuparse.

P ¿Hasta qué punto es mala la crisis para la economía mundial?

R No representa ningún peligro para la economía ni para los mercados. Se trata de un ataque de tipo transitorio. No puedo constatar ningún signo de recesión.

Es verdad que los intereses suben, pero las empresas no ganan menos dinero, la confianza de los consumidores es estable.

P ¿Qué efectos tienen los cambios para su firma

R Se trata de un acontecimiento más para nosotros. Somos muy activos, habrá más adquisiciones. Carlyle hace sus mejores negocios en los momentos de inseguridad. En esos momentos, muchos quieren vender- y, sin duda, a precios bajos.

Los bancos sólo conceden créditos de manera vacilante, los compradores de empresas reciben de pronto menos dinero del que esperaban. El que actúe ahora de manera más agresiva será bien recompensado.

P Carlyle alcanza, desde su fundación en 1987, un promedio anual de un 33 por ciento de beneficios brutos. ¿Serán posibles en adelante unos rendimientos tan altos?

R Hace tiempo dije que no se podría mejorar el resultado de los últimos tres o cuatro años, los beneficios bajarán. No obstante, los ofertantes líderes conquistarán el mercado, porque el rendimiento de las acciones también baja.

Antes se consideraba que una empresa de capital riesgo era buena cuando golpeaba el mercado en 700 puntos base. El 25 por ciento de los ofertantes líderes lo sobrepujan hoy en unos 1.500 o 2.000 y así seguirá.

P ¿Cómo consiguen su resultado?

R Somos muy ambiciosos. Esa es la regla número uno: no pagar demasiado. Carlyle dispone de una amplia red de asesores y expertos en todo el mundo que nos proporcionan negocios: intentamos no participar nunca en subastas. Para ello, invertimos sólo en sectores que conocemos, y por ello evitamos cargarnos con demasiadas deudas.

Otras empresas de capital riesgo ponen dinero propio en los negocios siguiendo el lema: ¿Cuánto hay que poner para satisfacer a los inversores? Nuestra actitud es distinta, queremos participar. En total hemos invertido 2.700 millones de dólares de nuestro capital, mucho más que cualquier competidor.

P En otras palabras: se va en el mismo barco que los inversores para controlarlo todo mejor.

R Carlyle tiene la menor cuota de pérdidas del sector con un 3,5 por ciento de todo el capital invertido. Somos muy conservadores, y famosos por nuestra continuidad.

P ¿Cuáles han sido sus bancarrotas más desagradables?

R Son escasas, pero me acuerdo bien de ellas. En 1990 compramos Cater Air, de la cadena Marriott, una empresa de catering para empresas aeronáuticas.

Pensamos que se trataba de algo seguro: la gestión era excelente y todo el mundo tiene que comer cuando vuela. O al menos eso era así entonces. Hoy tienes suerte si te dan una galletita.

P ¿Usted dice que Carlyle no participa en subastas. ¿Cómo acceden a sus negocios?

R Los bancos de inversión me llaman constantemente, pero también llaman a otros. La mejor información la recibimos de nuestros jefes de la junta directiva. Conocen a muchos de su sector y son los primeros en enterarse de posibles objetos. Para ello, contamos con 430 inversores profesionales en todo el mundo, que están constantemente buscando. En Europa somos los más representados.

Desde hace más de diez años trabajamos allí sólo con colaboradores nativos. Tenemos oficinas en París, Londres, Madrid, Milán, Estocolmo y Fráncfort.

P Si mira usted al futuro, en los próximos cinco a diez años, ¿cómo ve el capital riesgo?

R El sector tendrá un aspecto similar: seis u ocho sociedades globales dominarán. Sus nombres, los de siempre: Goldman Sachs o Merrill Lynch. Se fusionarán hasta cierto punto con los hedge y ofrecerán todos los productos imaginables que prometen grandes beneficios: capital riesgo, préstamos…

P ¿Qué mercados le parecen los más prometedores?

R China, India, o los cuatro tigres asiáticos: Asia crecerá fuertemente. Se pasan por alto otras regiones como Oriente Medio o África que se revelan como auténticos motores de desarrollo.

The Carlyle Group es una de las mayores firmas de private equity del mundo y gestiona más de $71.400 millones. La compañía invierte a través de 54 fondos (16 de buyouts), capital expansión, real estate y leveraged finance en Norteamérica, Europa y Asia, centrándose en telecomunicaciones y medios, industria aeroespacial, automoción y transportes, consumo y comercio, energía, electricidad, salud, industria, tecnología y servicios a empresas. Las empresas propiedad de Carlyle emplean a 286.000 personas en todo el mundo y generan unos ingresos de $87.000 millones.